Caminar el Qhapaq Ñan: memoria, comunidad y patrimonio vivo
Durante varios años, comunidades, autoridades y el Proyecto Qhapaq Ñan organizaron caminatas por antiguos tramos del Camino Inca. No eran simples excursiones: cada recorrido volvía a poner el camino en uso, reunía a quienes lo cuidaban y recordaba que el patrimonio seguía vivo en la memoria, las prácticas y los conocimientos de sus poblaciones.
El Qhapaq Ñan fue, desde tiempos prehispánicos, una red de circulación. Por sus rutas no se desplazaban únicamente personas y bienes: también viajaban noticias, conocimientos, costumbres, tecnologías y formas de organización. Volver a caminar algunos de esos tramos tenía, por ello, un significado que iba más allá de la actividad física.
En las experiencias organizadas en Puno, las comunidades no fueron solamente espectadoras. Participaron en la preparación, el cuidado y la organización de los recorridos, junto con autoridades locales, instituciones y el equipo de Participación Comunitaria del Proyecto Qhapaq Ñan – Sede Nacional.
El camino se preparaba antes de recibir a los caminantes
Una de las escenas que mejor explica el sentido profundo de estas actividades ocurría antes de la caminata. En 2017, por ejemplo, más de 300 comuneros de Chucasuyo Ccajje participaron en una faena colectiva de reconocimiento y limpieza de la sección Cruz Pata–Ccajje, en la provincia de Chucuito.
La limpieza no era solamente una operación previa a un evento. La faena comunal expresaba una forma concreta de apropiación y cuidado: el camino era atendido por las personas que vivían junto a él y que asumían públicamente el compromiso de protegerlo.
Una caminata hecha de muchos escenarios
Caminos abiertos entre pampas, cerros, áreas agrícolas y poblaciones que conservan una fuerte presencia aimara y quechua.
Lugares de partida, descanso y encuentro, donde autoridades comunales explicaban el contexto local y recibían a las delegaciones.
Tramos de camino y espacios asociados que podían comprenderse directamente mientras se recorrían.
Puntos de llegada donde las caminatas se convertían en actos públicos, ceremonias y encuentros entre poblaciones e instituciones.
En algunas ediciones el recorrido incorporó actividades productivas, como la siembra de productos locales, mostrando que paisaje y cultura seguían estrechamente relacionados.
Ofrendas a la Pachamama, presencia de yatiris, danzas y otros actos recordaban que el camino también posee significados espirituales y sociales.
El video: caminar juntos por el Gran Qhapaq Ñan
El siguiente registro muestra una de las caminatas realizadas en Puno. En ella participaron autoridades originarias aimaras y quechuas, tenientes gobernadores, organizaciones y población vinculada al camino.
Más que observar un monumento desde fuera, los participantes se desplazan por él. Esa acción sencilla devuelve al Qhapaq Ñan una de sus funciones esenciales: ser un espacio de circulación y encuentro.
Registro audiovisual de una caminata por el Gran Qhapaq Ñan en Puno, con participación de autoridades originarias, organizaciones y población local.
Una serie construida año tras año
En Puno, estas caminatas se consolidaron progresivamente. La documentación del Proyecto Qhapaq Ñan registra una secuencia que pasó de actividades regionales a encuentros binacionales e internacionales.
Recorrió el tramo Paucarcolla–Ventilla. Fue impulsada por organizaciones regionales con apoyo y participación del Proyecto Qhapaq Ñan – Sede Nacional.
Recorrió Chucuito–Jayllihuaya, desde el sitio arqueológico de Inka Uyu hasta la plaza de Jayllihuaya. Fue promovida por comunidades locales y la Municipalidad Distrital de Chucuito.
Recorrió aproximadamente 8,5 kilómetros desde la Capilla Huaylluni, en Chucasuyo Ccajje, hasta Juli. Antes de partir se realizó una ceremonia espiritual de agradecimiento a la Pachamama.
Se desarrolló en la sección Challapampa–Pomata y reunió a pobladores de comunidades locales junto con representantes vinculados al Qhapaq Ñan de los seis países que comparten este patrimonio.
Recorrió Laro–Nicasio. El programa incorporó ceremonia a la Pachamama, danzas autóctonas, explicaciones de autoridades comunales, acompañamiento a la siembra y entrega simbólica de la posta para la siguiente caminata.
De una caminata regional a un encuentro entre países
El crecimiento de las caminatas también recuperó otra característica histórica del Qhapaq Ñan: su capacidad de atravesar fronteras actuales. En 2013, antes de consolidarse la serie puneña, una caminata entre Perú y Ecuador reunió a más de un centenar de participantes y recorrió alrededor de 80 kilómetros durante cuatro días.
En Puno, el encuentro con Bolivia surgía naturalmente de un territorio históricamente conectado por el camino. La caminata binacional de 2017 reunió comunidades, instituciones peruanas y representantes bolivianos. Un año después, la experiencia incorporó delegaciones relacionadas con los seis países del Qhapaq Ñan.
Caminar juntos hacía visible algo que un mapa político puede ocultar: las rutas andinas son anteriores a las fronteras republicanas y conectaron durante siglos sociedades, economías y conocimientos.
El significado profundo para las comunidades
Para una comunidad vinculada al Qhapaq Ñan, el camino puede ser muchas cosas al mismo tiempo. Es patrimonio arqueológico, pero también puede ser memoria familiar, espacio productivo, vía de desplazamiento, referencia territorial, paisaje cultural y lugar asociado a ceremonias o relatos.
Las caminatas permitían poner esas dimensiones nuevamente en escena. Durante los recorridos aparecían danzas, música, qoqawi, ceremonias, conocimientos locales, explicaciones de autoridades comunales y actividades relacionadas con la tierra.
La comunidad podía mostrarse como protagonista del patrimonio y no solamente como población cercana a un sitio arqueológico.
Caminar permitía volver a contar historias del lugar y transmitirlas a jóvenes y visitantes.
Las faenas y actividades preparatorias convertían la conservación en una responsabilidad visible y colectiva.
Música, danza, lengua, alimentos y ceremonias vinculaban el camino con formas contemporáneas de pertenencia.
Caminar para recordar que el camino sigue vivo
Un camino patrimonial corre el riesgo de convertirse en una línea inmóvil dentro de un plano si se pierde su relación con las poblaciones. Estas experiencias mostraron lo contrario: el Qhapaq Ñan podía seguir reuniendo personas, generando conversación y conectando territorios.
La caminata no reconstruía artificialmente el pasado. Permitía observar cómo una infraestructura creada hace siglos podía adquirir nuevos usos: educación patrimonial, encuentro intercultural, conservación, organización comunitaria y reafirmación de la memoria.

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