Qhapaq Ñan: el trabajo participativo detrás de su inscripción como Patrimonio Mundial

Memoria de trabajo · Qhapaq Ñan · participación comunitaria

Qhapaq Ñan: el trabajo participativo detrás de su inscripción como Patrimonio Mundial

Antes del reconocimiento internacional hubo años de investigación, recorridos de campo, reuniones y diálogo con las poblaciones vinculadas a los caminos. Esta entrada recuerda una parte de aquel proceso desde la experiencia de trabajo en el Proyecto Qhapaq Ñan – Sede Nacional.

Julio Quispe · Memoria profesional y comunicación intercultural
El Qhapaq Ñan no llegó a la Lista del Patrimonio Mundial únicamente por la monumentalidad de sus caminos. Detrás de la candidatura hubo un proceso multinacional y multidisciplinario que también debía comprender la relación entre la red vial, las comunidades y las poblaciones que continuaban utilizando, conservando y dando significado a esos territorios.

El proceso de nominación tuvo una larga trayectoria. El Perú impulsó desde 2001 la incorporación del Qhapaq Ñan a la Lista Tentativa y, desde 2003, comenzó una coordinación internacional que terminó reuniendo a Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú. Durante más de una década se realizaron investigaciones, registros y reuniones técnicas para construir una candidatura conjunta.

En el territorio peruano, ese trabajo no podía reducirse a identificar restos arqueológicos sobre un mapa. Muchos de los caminos atravesaban comunidades campesinas y espacios donde la vía seguía formando parte de la vida cotidiana. Sus habitantes conocían los recorridos, los usos, las transformaciones del paisaje y las prácticas que habían contribuido a conservar el camino durante generaciones.

El componente humano del patrimonio

Como parte del equipo que desarrollaba trabajo de campo, participé directamente en actividades vinculadas al acercamiento con las poblaciones: recorridos, reuniones, comunicación con actores locales, registro de testimonios y documentación audiovisual de la relación de las comunidades con el Qhapaq Ñan.

Ese proceso permitió entender algo fundamental: el camino no estaba aislado de quienes vivían junto a él. La conservación del patrimonio debía dialogar con las necesidades, las expectativas y los conocimientos de las poblaciones, así como reconocer el papel que muchas comunidades habían desempeñado históricamente en su mantenimiento.

El patrimonio no era solamente el camino. También eran las personas, las memorias, los usos, las faenas comunales, los conocimientos del territorio y la continuidad cultural que daba vida a aquella antigua red de comunicaciones.

Un audiovisual nacido del trabajo de campo

El siguiente video documenta el enfoque con el que el Proyecto Qhapaq Ñan – Sede Nacional trabajaba con las poblaciones vinculadas a la red vial Inca. Las imágenes permiten observar una metodología basada en la presencia territorial, el diálogo y la participación comunitaria durante los años en que se desarrollaba el proceso que conduciría a la inscripción mundial.

Video: enfoque de participación comunitaria desarrollado por el Proyecto Qhapaq Ñan – Sede Nacional con poblaciones vinculadas a la red vial Inca.

De la investigación al reconocimiento mundial

La candidatura reunió componentes arqueológicos, de conservación, etnográficos, ambientales, históricos y geomáticos. El trabajo conjunto permitió seleccionar los tramos, secciones de camino y sitios asociados que sustentaron el expediente presentado ante la UNESCO.

El 21 de junio de 2014, durante la 38.ª sesión del Comité del Patrimonio Mundial realizada en Doha, Qatar, el Qhapaq Ñan – Sistema Vial Andino fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial. La inscripción fue compartida por seis países: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú.

Una candidatura sin precedentes: el reconocimiento internacional reunió en un mismo bien cultural transnacional a seis Estados andinos y consolidó al Qhapaq Ñan como una herencia común que exige cooperación, conservación y participación de las poblaciones vinculadas a sus caminos.

Imágenes de una experiencia de territorio

Las fotografías que acompañan esta entrada forman parte de la memoria visual de aquellos años de trabajo. Más allá de su valor paisajístico, recuerdan que documentar un patrimonio de esta magnitud significaba recorrer territorios, encontrarse con sus habitantes y comprender las múltiples relaciones existentes entre naturaleza, historia, cultura y vida cotidiana.

La inscripción fue un punto de llegada y también un comienzo

El reconocimiento de 2014 cerró una etapa de investigación y construcción del expediente, pero abrió otra todavía más compleja: la gestión de un patrimonio que atraviesa territorios habitados y cuya conservación necesita mantener una relación activa con las comunidades.

Para quienes participamos en aquellas jornadas, el proceso dejó una enseñanza que permanece vigente: un patrimonio cultural de esta dimensión no puede gestionarse únicamente desde documentos, oficinas o sitios arqueológicos. Es necesario caminar el territorio, escuchar a quienes lo habitan y reconocer que la memoria del Qhapaq Ñan continúa también en las personas que viven alrededor de sus caminos.

Fuentes de contexto histórico: UNESCO, Qhapaq Ñan – Sistema Vial Andino · Proyecto Qhapaq Ñan – Sede Nacional, Qhapaq Ñan: itinerario cultural inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial.

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