Un saldo de la pandemia: el quechua como medio para salvar vidas y mi trabajo en la CIT


Hay tiempos que uno quisiera no volver a vivir, pero que tampoco debería olvidar del todo.

La pandemia de la COVID-19 fue uno de ellos.

Hace poco volví a encontrar una nota que el Diario Oficial El Peruano publicó el 29 de octubre de 2020. El título me hizo detenerme nuevamente: “El quechua como medio para salvar vidas”.

Han pasado varios años desde entonces y leerla nuevamente me llevó de golpe a aquellos días de miedo, incertidumbre, calles vacías y familias que aprendíamos a cuidarnos incluso manteniéndonos lejos unos de otros.

También me hizo recordar uno de los trabajos que más sentido tuvo para mí durante aquella emergencia: formar parte de la Central de Interpretación y Traducción en Lenguas Indígenas u Originarias – CIT, del Ministerio de Cultura.

Cuando una palabra podía hacer la diferencia

Me correspondía trabajar desde mi lengua, el quechua Cusco–Collao, junto con hermanas y hermanos traductores e intérpretes de distintas lenguas originarias del Perú.

Y no era simplemente cambiar palabras del castellano al quechua.

Los mensajes pasaban por un proceso de traducción, adaptación cultural, contextualización, revisión y validación antes de ser entregados a las instituciones.

Había que preguntarnos muchas veces:

¿Así lo entenderá nuestra gente?
¿Esta palabra funciona realmente en la comunidad?
¿Cómo se lo explicaríamos a nuestra mamá o a nuestros abuelos?

Porque en aquellos momentos no estábamos traduciendo cualquier mensaje.

Hablábamos del cuidado, del contagio, de los síntomas, del lavado de manos, de mantener distancia, de cuándo buscar atención médica y, posteriormente, también de las vacunas.

Conceptos que ahora forman parte de nuestra memoria colectiva, pero que entonces eran nuevos, urgentes y, muchas veces, difíciles de explicar.

Trabajábamos desde casa, pero las palabras podían viajar muy lejos

Como casi todos durante la cuarentena, trabajábamos desde la virtualidad.

Una computadora, unos audífonos, un micrófono y muchas horas delante de una pantalla se convirtieron en nuestra manera de seguir trabajando.

En mi caso, incluso instalé una pequeña cabina de radio en casa.

Recuerdo muy bien por qué lo hice.

Amigos y conocidos empezaban a contarme que la enfermedad estaba llegando también a nuestras comunidades. Había personas enfermando y otras que ya estaban perdiendo la vida.

“No podía quedarme con los brazos cruzados”.

Esa frase quedó registrada también en la entrevista que me hizo El Peruano en 2020.

Desde nuestras casas traducíamos y preparábamos mensajes que después podían salir por teléfono, radio, audios, materiales institucionales y otros canales de comunicación.

Nosotros permanecíamos frente a una pantalla.

Pero las palabras podían caminar.

Podían llegar a la casa de una mamá, a un abuelo, a una familia quechuahablante o bilingüe, o a una persona que simplemente necesitaba escuchar una indicación importante en la lengua con la que mejor comprendía el mundo.

¿Cuántas vidas pudo ayudar a cuidar un mensaje?

A veces me hago esa pregunta.

Nunca podremos saber quién escuchó uno de aquellos mensajes ni qué decisión tomó después.

Tal vez alguien decidió lavarse las manos con mayor cuidado.

Tal vez una familia comprendió por qué debía mantener distancia.

Tal vez una persona reconoció un síntoma y buscó atención a tiempo.

Tal vez alguien que tenía dudas terminó comprendiendo por qué debía vacunarse.

No sería responsable afirmar cuántas vidas salvó una traducción.

Pero sí creo profundamente que hacer que información esencial sobre salud pudiera ser comprendida en quechua ayudó a cuidar a nuestras familias y comunidades en uno de los momentos más difíciles de nuestra historia reciente.

Y allí estuvo nuestro humilde aporte.

Desde la comunidad, con nuestra lengua.

Desde el Estado, como traductores e intérpretes.

Desde la comunicación, tratando de convertir información especializada en palabras cercanas.

Y desde nuestras casas, porque aquella era la única manera de seguir encontrándonos.

El quechua como medio para salvar vidas

El 29 de octubre de 2020, la Agencia Peruana de Noticias Andina registró esta historia en video. El Diario Oficial El Peruano publicó ese mismo día el reportaje “El quechua como medio para salvar vidas”.

Volver a mirar estas imágenes hoy es también volver, por unos minutos, a aquellos días.

Video: Agencia Peruana de Noticias Andina, 29 de octubre de 2020.

Archivo de aquellos días

El Diario Oficial El Peruano publicó el reportaje “El quechua como medio para salvar vidas”, donde recoge mi trabajo como traductor e intérprete de quechua durante la emergencia sanitaria y mi incorporación a la CIT del Ministerio de Cultura.

Leer la nota en El Peruano

Somos los sobrevivientes de aquellos días

Hoy podemos mirar esa historia desde otra orilla.

Pasamos aquellos meses.

Somos sobrevivientes de una catástrofe global que cambió nuestras vidas, nuestras familias y nuestra manera de relacionarnos.

Muchos seres queridos ya no están.

Otros seguimos caminando con nuestros recuerdos, nuestras pérdidas y también con algunas pequeñas historias que vale la pena rescatar.

Esta es una de las mías.

Cuando recuerdo mi trabajo en la CIT, no pienso primero en documentos, estadísticas ni informes.

Recuerdo estar frente a una pantalla, leer una frase, traducirla, volver a escucharla y preguntarme:

“¿Así lo entenderá nuestra gente?”

Y volver a intentarlo.

Por eso me conmueve encontrar hoy aquella nota de El Peruano y aquel video de la Agencia Andina.

Son pequeños archivos de un tiempo que ninguno de nosotros quisiera repetir, pero también testimonios de que, en medio del miedo, cada persona trató de aportar desde donde podía.

A mí me tocó hacerlo desde el runasimi.

Y me gusta pensar que alguna de aquellas palabras llegó en el momento indicado a alguien que la necesitaba.

Si fue así, todo aquel trabajo valió la pena.

Chaymi runasimipa kallpan.
Esa es también la fuerza de nuestra lengua: poder acompañarnos, orientarnos y cuidarnos en los momentos más difíciles.

Tupananchiskama, masikuna.

Julio Quispe Medrano
Traductor e intérprete quechua Cusco–Collao · ReNITLI
Comunicador intercultural y realizador audiovisual

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